Caribe · 23°08′N 82°23′W · Probado en cocina
Cuba
Una cocina que se hace en dos países a la vez
Los diez
Ordenados según lo que la gente nombra primero
Ropa viejaCarne de res cocida a fuego lento hasta que cae en hebras largas, y después terminada en un sofrito de pimiento, cebolla y tomate que debe teñir el arroz en vez de quedarse encima.
Lechón asadoEl asado de Nochebuena a escala de departamento — paleta con hueso empacada toda la noche en ajo y naranja agria, y después sostenida el tiempo suficiente para que el colágeno ceda.
Moros y cristianosFrijoles negros y arroz de grano largo cocidos en una sola olla, dentro del caldo del frijol, hasta que los granos quedan teñidos y todavía sueltos. No son frijoles estacionados junto al arroz.
Picadillo a la habaneraCarne molida con sofrito, tomate, vino seco y aceitunas verdes — con pasas, porque ese tirón dulce y salado es la costumbre habanera. No es relleno de taco.
Vaca fritaFalda cocida a fuego lento hasta que se deshebra, exprimida de verdad hasta secarla, y después frita fuerte con cebolla, ajo y limón. Costra y cítrico — lo contrario de la ropa vieja.
Arroz con polloUna olla de martes — pollo con hueso, sofrito en la misma grasa, arroz de grano medio, una botella de cerveza y bija para el amarillo. Tapada y húmeda, no una paella.
Yuca con mojoYuca hervida hasta que el cuchillo no encuentra tiza, y después grasa caliente de ajo y cítrico vertida encima mientras todavía humea — para que el almidón se la beba en vez de llevarla puesta.
TostonesPlátano verde frito dos veces, aplastado a mitad de la cocción y salado mientras chisporrotea. Verde, almidonado, salado. Nunca azucarado.
Ajiaco criolloEl guiso cubano de carnes y viandas mezcladas — tasajo, cerdo, pollo y raíces que uno deja romperse hasta que el caldo se espesa solo. Una olla de domingo, no una colombiana.
Flan cubanoLeche condensada, leche evaporada, huevos y vainilla sobre un caramelo de azúcar en seco, horneados a baño maría hasta que el centro todavía se mueve. No es una crème caramel.
La comida cubana se cocina en dos cocinas al mismo tiempo.
Está la de la isla, donde hay una olla a presión sobre la estufa porque el combustible es caro y mantener una hornilla encendida tres horas no siempre es realista, y donde el tasajo entra a un bol de agua la noche anterior porque así se conservaba la carne cuando no había refrigerador para conservarla. Y después está la del exilio, donde la yuca llega pelada de la góndola del congelador, el vino seco sale de un estante de un mercado latino, y el sofrito se hace de todos modos, en una cocina rentada, en otro país.
Las dos son reales. Estas recetas dicen cuál es cuál en vez de fingir que la versión de la isla es la única honesta.
La otra cosa que uno nota, al leer diez platos cubanos seguidos, es cuántas veces uno tiene que presentarse por lo que no es. El ajiaco no es el ajiaco colombiano. El arroz con pollo no es una paella. El picadillo no es mexicano. El flan no es una crème caramel. La ropa vieja y la vaca frita parten del mismo corte y terminan en lados opuestos de la mesa. Ese es el impuesto de ser una isla chica en un mar concurrido: buena parte de tu comida se pasa la vida siendo confundida con la del vecino.
Debajo de casi todo eso hay una sola cosa. Cebolla, pimiento verde, ajo y un poco de grasa, cocidos hasta que se fue el agua y subió el dulzor. Si te equivocas con el sofrito, nada más de esta lista tendrá mucho sabor.